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“Innovación y definiciones del Ministerio de Ciencia”, columna Gerente de Innovación y Emprendimiento de SOFOFA

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Santiago, 28 de febrero de 2017.- Recientemente, la Presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley para la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, iniciativa que busca darle a la ciencia un rango ministerial para así poder generar políticas científicas modernas y de largo plazo.

Necesitamos más ciencia para el desarrollo del país, ciencia de primer nivel, aplicable y de interés para nuestro entorno. De lo contrario, podríamos terminar con una gran desventaja competitiva respecto a otros países.

Desde el punto de vista de la competitividad y asumiendo que “más ciencia” significa un aumento del financiamiento para la investigación en Chile, esto debería llevarse a cabo cautelando la excelencia y la capacidad económica del país para sostener ese incremento.

En algunos países, la sobreinversión ha provocado la paralización de supercomputadoras o laboratorios por falta de insumos, por no contar con los recursos necesarios para pagar sus cuentas de energía. En sociedades más avanzadas, el criterio del éxito más importante respecto a la ciencia es el impacto, ya sea en difusión, beneficios sociales o privados.

En Chile, los incentivos y las medidas de éxito de nuestros científicos y académicos siguen ligados a la visibilidad y calidad de las publicaciones que realicen, no a su impacto en términos de desarrollo económico o social. Si bien se realizan periódicamente estudios y consultorías para determinar el aporte medible de nuestra ciencia, no hay una métrica sistemática.

De esta forma, resulta discutible la asignación de la actividad innovativa a una nueva repartición ministerial, gobernada por las prioridades y la cultura científica, que la aleja aún más del entorno de aplicabilidad económico y social.

Como ejemplo, remontémonos a mediados de los 90, cuando la Universidad de Oxford abrió su escuela de Negocios, al menos cinco años más tarde que Cambridge, su competidor histórico. Hoy, Cambridge es un referente mundial en negocios basados en ciencia, al punto de ser conocidos como el “Silicon fen”. Lo que explica este retraso, es que durante mucho tiempo las autoridades académicas y los científicos de Oxford consideraron a la “actividad de negocios” como una disciplina de menor importancia.

Por lo tanto, se debe considerar que gran parte de la innovación científica es una actividad que ocurre en la interfaz entre la ciencia y la empresa. Lo que la distingue de la extensión es que se trata de una actividad orientada a lo transaccional, que muchas veces requiere de etapas posteriores de ingeniería y diseño, cuyo éxito se mide normalmente por parámetros económicos. Nada más alejado de la actividad científica, donde la apertura y el desinterés por lo económico es casi una fuente de orgullo. En efecto, la distancia de la mayoría de los científicos con la actividad empresarial no sólo ocurre en Chile.

En tanto, las actividades colaborativas son las que caracterizan la innovación, y ocurren en la interfaz con el mundo productivo y la sociedad. Dar un paso en falso en este tema puede causar un daño a la ciencia y a la innovación, por lo que convendría una segunda revisión del tema, recogiendo las experiencias más exitosas en países desarrollados.

Álvaro Acevedo

Gerente de Innovación y Emprendimiento de SOFOFA

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